Por… Salvador Capote

Las tierras raras comprenden 17 de los elementos químicos de la Tabla Periódica: escandio, itrio y los 15 lantánidos (1), y constituyen un subconjunto de creciente importancia dentro de los metales estratégicos. Son imprescindibles en todos los campos de la electrónica avanzada y en el desarrollo de las energías renovables (cámaras digitales, teléfonos inteligentes, televisores LED, láseres, electroimanes, memorias de computadoras, paneles fotovoltaicos, baterías recargables, aviones no tripulados o drones, sistemas de guías de misiles, y muchísimos otros.
Cinco de las tierras raras (2) y otro metal, el indio (3), se encuentran entre los más críticos suministros de materias primas para los próximos años, de acuerdo al informe “Critical Material Strategy” de diciembre de 2010 del Departamento de Energía de Estados Unidos.
Las tierras raras son elementos insustituibles en la competencia por alcanzar los primeros lugares en la tecnología electrónica incluyendo, desde luego, sus aplicaciones militares. El grave problema para Estados Unidos, Japón y los países europeos es que China domina el 97 % de la producción global (con el 43 % de las reservas mundiales) y comenzó en los últimos años a reducir sus exportaciones, dejando claramente establecido que el uso doméstico tendría prioridad.
Las tierras raras son elementos esenciales en la producción de armas de alta tecnología y, por tanto, se inscriben como tema de seguridad nacional que deberá estar presente como trasfondo en todos los análisis. Cada día se descubren nuevas aplicaciones en la industria y, en los últimos años, la cotización se ha disparado. Frente a una creciente demanda mundial de más de 140,000 toneladas anuales, existe un déficit de producción cercano al 10 %. Algunos metales raros alcanzan precios entre uno y cuatro millones de dólares la tonelada.
A pesar de su nombre, los problemas de producción con las tierras raras no se derivan de su escasez sino de las dificultades y altísimo costo de su extracción. Los yacimientos que las contienen no son rentables con frecuencia debido a su carácter disperso y a la baja concentración de los metales. El costo medioambiental es también alto, por cada tonelada de tierras raras que se extrae se pierden 300 metros cuadrados de suelo y se producen alrededor de 12,000 metros cúbicos de residuos que contienen compuestos altamente tóxicos. Además, vienen acompañadas casi siempre de elementos radioactivos contaminantes, como el torio.
Más del 50 % de las exportaciones de tierras raras chinas tiene al Japón como destino. La industria electrónica y de instrumentos de alta precisión japoneses depende fuertemente de estos suministros y sitúa al Japón en una incómoda situación de dependencia en relación con su gran rival asiático. La producción mundial de europio -por citar sólo un ejemplo-, elemento para el cual no se conoce sustituto alguno, utilizado en la fabricación de monitores de computadoras, teléfonos inteligentes, lámparas fluorescentes, etc., está controlada por China en un 99.9 %.
Japón busca ansiosamente alternativas con el fin de paliar esta dependencia. Una de ellas es el respaldo masivo-económico y técnico-, a la compañía minera “Lynas Corp.”, que opera la mina de tierras raras de Mount Weld, en Australia. Lynas, con el apoyo de la empresa comercial japonesa Sojitz, se está expandiendo rápidamente.
Después de las reservas chinas de 40 millones de toneladas en las minas de Bayan Obo, en Mongolia Interior, Mount Weld posee, probablemente, las de mayor magnitud. Las operaciones de esta última comenzaron a mediados de 2011. El mineral se concentra “in situ” y se embarca hacia Kuantan, en Malasia, donde las tierras raras se separan. Tiene una meta de producción para la primera fase, a partir de 2012, de 11,000 toneladas, pero la producción australiana es costosa y no es probable que en la presente década llegue a cubrir las necesidades japonesas. Una sola empresa, Toyota, y sólo para la fabricación de las baterías de sus autos híbridos, necesita anualmente unas 10,000 toneladas.
Un posible remedio, pero no a corto plazo, es el beneficio de yacimientos que se encuentran a grandes profundidades en el Océano Pacífico. Los minerales tendrían que ser izados desde el fondo marino hasta barcos especialmente adaptados en los cuales se realizaría la primera fase de concentración. El material resultante se trasladaría a plantas procesadoras para su separación y purificación.
Estados Unidos posee el 13 % de las reservas mundiales pero no produce y es total su dependencia de la importación. Sin embargo, hasta 1989, era el país que lideraba la producción de metales raros gracias principalmente a la mina de Mountain Pass, en el desierto situado en la frontera entre California y Nevada, que cerró en 2002 porque era más barato producirlos en China. Ahora, la exportación (“outsourcing”) de industrias contaminantes se vuelve como un bumerán contra Estados Unidos. China, en menos de veinte años, alcanzó el monopolio casi completo de la producción, mientras que la disponibilidad de tierras raras se hacía indispensable a Estados Unidos en su pretensión de mantenerse a la cabeza del desarrollo tecnológico.
Reaccionando, al parecer tardíamente, Estados Unidos impulsa un proyecto de revitalización de las tierras raras. La firma Molycorp tiene en ejecución inversiones por 500 millones de dólares para la reapertura de la explotación de Mountain Pass. Sin embargo, cada yacimiento puede contener sólo unos pocos elementos metálicos, no todos; además, para alcanzar resultados satisfactorios frente a la producción china, Estados Unidos necesitaría más de una década.
En los últimos años, Estados Unidos y otros países han ejercido fuertes presiones a través de la Organización Mundial del Comercio (OMC) para que China no reduzca sus exportaciones de tierras raras. No obstante, el propio crecimiento industrial impetuoso de China exigirá inexorablemente una parte cada vez mayor de la producción para consumo interno.
Todo parece indicar que el gran perdedor en esta competencia internacional por los metales estratégicos será la vieja Europa, que carece casi completamente de ellos. Interrupciones en el abastecimiento de tierras raras causaría en la Unión Europea la ruina de cadenas completas de producción industrial. Algunos países del continente pretenden almacenarlas con el fin de evitar baches productivos, pero es poco probable el éxito de esta medida en el escenario actual de contracción económica y con el crecimiento de la demanda en grandes países emergentes como la propia China, India y Brasil.
La escasez crítica de materiales estratégicos conspira contra la unidad europea pues la urgencia de los países más poderosos los lleva a una especie de “sálvese el que pueda”. En febrero de 2012, la canciller alemana Angela Merkel y el presidente kazajo Nursultán Nazarbáyer, firmaron en Berlín un acuerdo que permitirá a empresas germanas explotar yacimientos de tierras raras en Kazijistán.
Para algunos países, un alivio de la crítica situación pudiera surgir del sector minero liberalizado de Mongolia, abierto a inversiones extranjeras, pues Mongolia parece albergar hasta un 17 % de las reservas mundiales de tierras raras. Rusia dispone de un 19 % de las reservas, con posibilidades de incremento en los próximos años.
El panorama en su conjunto nos revela la posición inmejorable de China de cara a la reñida competencia por el desarrollo tecnológico que marcará –esperemos que pacíficamente- los próximos años. El control de las tierras raras y de otros metales estratégicos le da a China formidables ventajas económicas, políticas y militares, con implicaciones de largo alcance en todas las esferas de las relaciones internacionales.
Notas:
(1) Lantánidos: lantano, cerio, praseodimio, neodimio, prometio, samario, europio, gadolinio, terbio, disprosio, holmio, erbio, tulio, iterbio, y lutecio.
(2) Itrio, neodimio, europio, terbio, y disprosio.
(3) El indio es el más ligero de los metales; es poco abundante, maleable, fácilmente fundible, con gran demanda en la fabricación de computadoras y en otros usos industriales. Hace pocos años, importantes yacimientos fueron descubiertos en Bolivia, entre ellos en el cerro Malku Khota, en el norte del departamento de Potosí. En agosto de 2012, el yacimiento fue nacionalizado por el gobierno boliviano. Actualmente, la Corporación Minera de Bolivia (COMIBOL) sostiene contactos con varias empresas chinas con el fin de conseguir respaldo tecnológico para la explotación de este metal

Suerte en sus inversiones…