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Autor Tema: El Zorro y el Maestro Zen  (Leído 3827 veces)

Zorro

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El Zorro y el Maestro Zen
« en: Diciembre 05, 2007, 10:40:04 am »
El Zorro y el Maestro Zen

Aquel sábado de Octubre, el Zorro lo pasaba en su madriguera haciendo balance de sus aciertos y errores bursátiles. A fecha fija habí­a resultado un magní­fico año, pero aún así­, estaba insatisfecho:

- No me ha subido esta, la otra sigue sin arrancar, he tenido que vender las INYPSAS este año, por lo que pagaríé a Hacienda en el 2007, cuando me convení­a pagar en el 2008.

En fin cosas del Zorro, animal astuto donde los haya, pero quizá poco adaptado a que los mercados oscilen a su aire y no a la conveniencia del raposo.
Estaba ensimismado en su particular análisis de los mercados y su incidencia en su patrimonio, cuando una voz lo reclamaba desde el exterior:

- Zorro, Zorro, Zorro, gritaba el Lince.
- ¿Quiíén?. Voy , voy, ¡porra que inoportuno!, gruñí­a el prí­ncipe del Bosque.
- Hola Lince, ¿quíé se te ofrece?.
- Hola Zorro, ¿te has enterado?.
- ¿De quíé Lince, de que debo enterarme?
- Hoy visita el Bosque el gran Maestro Zen, Lao Cheng. Una eminencia, la sabidurí­a encarnada en hombre.
- Pues no conocí­a a tal sabio, Lince, ni se como puede beneficiarme su presencia en estas tierras.
- Va a visitar a su amigo el Búho, esta tarde y íéste nos ha invitado a un tíé. ¿Irás?
- No se Lince, estoy muy liado con las finanzas, mejor lo dejo.
- ¡Pero, .... Zorro!
- Nada, en otra ocasión amigo.
- ¿Es que no sabes que hizo una gran fortuna en la Bolsa de Hong Kong y que desde entonces está retirado?
- ¡Vaya!, esto puede interesarme, pero sermones de esos, y rezos durante horas, creo que son para otros, Lince.
- Entonces, ¿irás?
- Haríé un esfuerzo Lince, siempre se puede aprender algo.
- Vale pues, allí­ nos veremos a las 5 de la tarde. Hasta luego Zorro.
- Hasta la tarde amigo.

Las horas, cuando se está ocupado se tornan minutos y estos en suspiros. La tarde se presentó sin que el Zorro tuviese tiempo a aburrirse. Cerró la madriguera y partió hacia el gran árbol del Bosque, hogar de su amigo el Búho, el sabio de aquellos lares.
Unos minutos antes de las cinco llegó, escaneó con sus astutos ojos la estancia y vio a sus amigos: el Lince y el Búho, su anfitrión, y a un Humano de color más amarillo de lo acostumbrado con unos llamativos ojos. El Zorro saludo:

- Hola Búho, hola Lince, hola Maestro Cheng.
Los tres correspondieron, y el Búho lo presentó al maestro oriental, invitándolo a sentarse:

- Gracias por aceptar la invitación amigo Zorro, te presento al gran Maestro Lao Cheng, Divinidad reencarnada, fuente de sabidurí­a, maestro de maestros.  Luz  divina y guí­a espiritual de millones de personas en todo el mundo.

Al Zorro, todo aquella pomposidad le resultaba excesiva, pero por respeto a sus amigo no dijo ningún inconveniente. Ya llegarí­a el momento de profundizar en los conocimientos de tan insigne invitado y si este sabí­a algo de Bolsa.
El Búho sirvió el tíé a los tres invitados y luego llenó su taza. Sacó unos dulces, especialmente sabrosos y se sentó a disfrutar de la tarde.
El Búho se mostró como un perfecto anfitrión, dominador de la ceremonia del tíé, y sabio creador de ambientes acogedores:

- ¿Mas tíé, Divinidad, más tíé Lince, más....Zorro?.

Durante unos 30 minutos, los cuatro apenas manifestaron algo, que no fuese su aprobación a la sabrosa infusión y al dulce acompañamiento. El tíé se lo habí­a obsequiado el Maestro Cheng al Búho. El Zorro estaba ansioso por sacar algo más en limpio de toda aquella pomposidad, que no fuese una buena merendola y el Lince mostraba su inquietud por momentos.
Pero al final, no resistió más y se lanzó:

-  Maestro tengo entendido que usted fue un exitoso hombre de finanzas en otro tiempo. Preguntaba el Lince.

Al Búho no le hizo mucha gracia que el Lince sacase el pasado materialista de  Lao Cheng y trato de desviar la atención:

- ¿Más tíé, eminencia Cheng?.

El oriental rehusó el ofrecimiento con una sonrisa y un leve movimiento de cabeza. Posó su taza y se dirigió al Lince:

- Hermano Lince, la vida  puede transcurrir por caminos infinitos, la de un servidor ha sido feliz antaño y hoy lo es aún más. En un tiempo estaba obsesionado con la riqueza y hoy con la perfección, son etapas que espero que me lleven a la eterna sabidurí­a.
- ¿Nos puede contar como llegó a la riqueza?. ¿Cuál cree que es el camino más corto?.
- Recorrí­ muchos caminos, estaba perdido, hasta que un dí­a llegue a la orilla de un rí­o en la India y un santón me dijo las palabras claves para que mi mente se abriese a la infinita sabidurí­a.
- ¿Cuales fueron Maestro Cheng?.
- Muy fácil Lince: “Si te conoces a ti mismo, sabrás como son los demás, y eso te ayudará a prever sus movimientos y entender sus palabras y acciones”.

El Zorro y el Búho estaban muy atentos a la conversación de los otros dos invitados, el Búho más pendiente de las respuestas del Maestro que de las preguntas del Lince. El Zorro, de todo, nada allí­ se le escapaba. Por lo que decidió intervenir.

- Maestro, quieres decir que para llegar a algo en los negocios debes conocerte a ti y a los demás.
-Tú  lo has dicho Zorro. El conocimiento comienza por uno mismo: ¿Quiíén soy?. ¿Cuáles son mis debilidades?. ¿Cuáles son las de los demás?. Esto te da ventaja para anticiparte. Y ello, en los mercados es vital.

La Divinidad oriental miro al Búho y le preguntó:

- ¿Existe un rí­o cerca de tu casa, sabio amigo?
- ¿Como si no podrí­amos tener este esplendor en el Bosque?. Claro que tenemos un rí­o. ¡Un gran rí­o!.
- ¡Pues a el nos acercaremos!

Los cuatro, llegaron al rí­o en minutos. Lao Cheng, preguntó:

- Mirad el rí­o y decirme  que veis.
- Pues yo solo veo el rí­o, eso si con más agua que en el verano, dijo el Lince.
- Mucha agua y poca caza en estos momentos, respondió el Zorro.                                                   
- El alma del Bosque, la arterí­a principal del ecosistema, la vida en si, apuntó el Búho.
- Excelente amigo Búho, excelente, se alegró la reencarnación de la sabidurí­a.
Yo veo, tambiíén, la Bolsa y su funcionamiento.

Tanto el Lince como el Zorro, miraron con cara de asombro al Búho y luego a Lao Cheng.

- Si, el rí­o se alimenta de fuentes, pequeños arroyos, riachuelos y hasta de otros rí­os.  De la misma forma La Bolsa se alimenta del oro de pequeños, medianos y grandes inversores. í‰ste varia según las íépocas, -aquí­ estaciones-, en unas abunda, otras prácticamente desaparece y por último, en ocasiones se desborda. Caso de los booms bursátiles.

El Lince, el Zorro y el Búho  asentí­an y seguí­an con interíés la exposición.

- Como bien dijo el Búho: “el rí­o es el alma del Bosque, la arteria principal del ecosistema”. Tal es el oro para la Bolsa. Si no hay rí­o, no hay ecosistema. Sin oro, no existe la Bolsa.
El rí­o es fuente de riqueza, es atractivo y peligroso. En sus aguas se pueden pescar, pero tambiíén perder la vida. Hay que saber nadar, pero nunca confiarse. Un calambre, un rápido, o cualquier otro imprevisto, pueden poner nuestra vida en peligro. Hay que saber deslizarse por sus aguas y ser conscientes de lo que nos acecha.
Al igual que en la Bolsa, allí­, se puede perder todo en un santiamíén, el que se confí­a, se despista, o no conoce el tramo por el que se mueve, se arriesga a un buen susto.
Ciertos rí­os están habitados por unos peces llamados pirañas que devoran una vaca en  unos minutos. De la misma forma, la Bolsa está poblada por depredadores implacables que dejarán  sin oro a los más desprevenidos e indefensos.

- Maestro Cheng, indicó  el Lince, aquí­ tenemos el refrán: “Hay que saber nadar  y guardar la ropa”.
- Excelente Lince, excelente, la sabidurí­a occidental tambiíén guarda bellas perlas como esta, que hoy me muestras. Gracias Lince.

El Lince sonrió y asintió con la cabeza a la manera oriental, todo satisfecho.

- Pues bien, proseguí­a la Divinidad reencarnada, cuanto más conozcas el rí­o, cuanto mejor sea tu preparación, mejor aprovecharás las riquezas que el encierra. Sea esta el pez más grande o simplemente las pepitas de oro que el agua va arrastrando kilómetros y kilómetros. Y dependiendo de los lugares, hasta diamantes y esmeraldas. Tales pueden ser los tesoros.
O, simplemente, podrás disfrutar de íél, nadando entre sus aguas.

La luz de la tarde desaparecí­a rápidamente, y el Búho aconsejó retirarse a su hogar:

- Maestro Cheng, volvamos a casa, las noches del Otoño son traicioneras y le puede coger el frí­o.

El Lince y el Zorro, aún estaban ensimismados mirando el rí­o, mientras la Divinidad oriental se retiraba con el sabio del Bosque.

- Sabes Zorro, nunca vi al rí­o así­, tal como nos lo ha descrito Lao Cheng.
- ¡Bah!, cosas de chinos amigo Lince.

Los dos amigos se miraron y sonrieron. En el fondo, habí­an aprendido algo aquel dí­a. Y ni cortos, ni perezosos, reaccionaron al instante y se fueron cada uno por su lado a sus hogares.
Aquella noche, dos habitantes del Bosque se acostaron más sabios. ¡Habí­an descubierto uno de los grandes secretos del Universo!.

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« Última modificación: Mayo 19, 2010, 07:32:13 pm por Scientia »


Acumulando liquidez.

Scientia

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Re: El Zorro y el Maestro Zen
« Respuesta #1 en: Marzo 25, 2010, 09:47:42 pm »
¡Otro de mis favoritos!.

Entretenido y bien incorporada la filosofia oriental.

twiggy

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Re: El Zorro y el Maestro Zen
« Respuesta #2 en: Mayo 25, 2010, 07:25:38 pm »
  :44: que bonito, no me lo esperaba.