Cí“MO SUPERAR LA VERGíœENZA
Basado en las Investigaciones de Ronald y Patricia Potter-Efron
El componente físico de la vergí¼enza
El sentimiento repentino de una vergí¼enza enorme es una experiencia abrumadora. Un momento antes uno se siente bien, lleno de energía, autoestima y alegría, y repentinamente algo malo sucede; puede ser algo tan trivial como advertir una mancha en la camisa o la blusa, o tal vez algo más obvio como que nuestro jefe nos grite por un error cometido. Son momentos en los que quisiíéramos quedarnos tranquilos y serenos, pues en estas situaciones nada desearíamos más que responder con dignidad, gracia y compostura,
Quisiíéramos que nuestros cuerpos cooperaran, pero en lugar de eso sentimos que nuestra cara está muy caliente. Por alguna razón no podemos hacer que nuestros ojos miren de frente, insisten en seguir la dirección de nuestra cabeza, que apunta hacia el suelo. En ocasiones se percibe una Opresión en el pecho. Al mismo tiempo el corazón empieza a latir aceleradamente; en ese momento no tenemos control sobre nuestro cuerpo. Algunos tenemos una sensación de vacío en el estómago, y el tiempo parece arrastrarse con lentitud mientras nos retorcemos presas de una aguda conciencia de nosotros mismos. Casi no podemos hablar. Tenemos vergí¼enza.
Es bastante desagradable vivir este primer ataque de vergí¼enza. Sin embargo, una vez que nos damos cuenta cabal estas sensaciones, es posible que lleguemos a sentirnos peor todavía. Ahora nos avergonzamos de nuestra vergí¼enza aunque tratemos desesperadamente de calmarnos, nuestro cuerpo se niega a obedecer. El calor de la cara se transforma en un incendio, nos sonrojamos de pena. Nuestra mirada se dirige hacia abajo, tenemos que luchar contra la terrible urgencia de escapar, de darle la espalda a todo el asunto Quizá empecemos a sentir nausea En realidad, nos estamos enfermando por causa de nuestra vergí¼enza.
No todos los ataques son tan dolorosos. Pero se puede decir que casi siempre es un evento físico, Las formas más sutiles incluyen breves vacilaciones en el lenguaje, mirar hacia otro lado mientras se habla con alguien, cambios ligeros de conversación y una sensación imperceptible de rubor e incomodidad. La vergí¼enza es ante todo un sentimiento.
Hay otras dos respuestas físicas comunes en un ataque de vergí¼enza. Primero, la sensación de hacernos cada vez más chiquitos. Segundo, la impresión de que las personas que nos rodean se hacen más grandes, más fuertes y peligrosas. Es como si nos encogiíéramos. Lo que realmente pasa es que nos hemos empequeñecido, instintivamente ocupamos me nos espacio encogiendo nuestros brazos y piernas. Tratamos de protegernos haciíéndonos chiquitos. Todos los que han experimentado estas sensaciones nos dicen que cuando se avergí¼enzan se sienten como niños pequeños.
Las personas avergonzadas se sienten vulnerables, desprotegidas y expuestas aun a pesar del esfuerzo por retraerse. Esto es mucho más que un pensamiento: es una respuesta corporal que suele ser muy incómoda. La mirada de los demás es como algo tangible que casi las toca. Es como si la piel se volviera transparente de modo que los otros pueden ver a travíés de ellas. La persona avergonzada desearía intensamente volverse invisible. En cambio, se siente completamente abierta a la inspección de los demás.
Pero la vergí¼enza es más que un sentimiento. Los sentimientos desconcertantes suscitan pensamientos dolorosos con los que por lo general ya está muy familiarizada la persona avergonzada y que sólo aumentan sus problemas. Estos pensamientos confirman los sentimientos de devaluación que son característicos de la vergí¼enza.