El ataque bajista que era previsible tal como había terminado la semana pasada se confirmó ayer tras la pausa del lunes y Wall Street sufrió un durísimo batacazo que llevó al S&P 500 a perforar los mínimos del año; cayó el 3,1%. El Dow Jones se dejó el 2,65% y el Nasdaq volvió a llevarse la peor parte con un desplome del 3,85%.
En este mercado enloquecido que tenemos, hace apenas una semana los índices batallaban por romper las resistencias y reanudar la tendencia alcista interrumpida en febrero, y ahora los alcistas deberán defender con las fuerzas que les queden los soportes, los citados mínimos del año.
Las próximas sesiones serán cruciales, aunque quizá hoy veamos algo de rebote por el cierre mensual. Pero si estos soportes son violados de forma convincente, se abrirá la puerta a una caída mucho mayor que la sufrida hasta ahora por las bolsas mundiales. Eso sí, igual que no había que fiarse de la subida de hace unos días, tampoco hay que confiar demasiado en este ataque bajista; todos los anteriores han fracasado en estos niveles.
El detonante del derrumbe de ayer fue un dato de confianza del consumidor mucho peor de lo previsto, que alimenta los temores a una recaída de la economía norteamericana en la recesión. Por el contrario, el mercado ignoró la subida del índice Case-Shiller de precios de la vivienda. A eso hay que añadir el eníésimo recrudecimiento de la crisis de la deuda de los países perifíéricos, con el diferencial de España con Alemania cerca de los máximos de la crisis.
Y esta vez el euro, que había resistido hasta ahora estos ataques, no pudo aguantar, sino que cayó hasta 1,2188 dólares. El petróleo cayó hasta 75,56 por los temores sobre la economía, pero el oro actuó de refugio y subió hasta 1.243 dólares. Los bonos volvieron a dispararse en precio y su rentabilidad, que había perforado soportes el lunes, cayó por debajo del 3%.
Hoy miíércoles será el día del índice ADP de empleo privado y del PMI de Chicago en EEUU.