Por... Alberto Araujo
Hace apenas 15 años, el nivel de consumo actual en el país era impensable. El acceso a un críédito para un automóvil o cualquier otro bien de consumo, además de requerir de una entrada, conllevaba tasas de interíés anuales que promediaban el 45%, según el Banco Central.
Entre 1997 y 1998, la moneda nacional (el sucre) perdía su valor en un promedio del 30% al año, por los altos niveles de inflación y la emisión inorgánica de billetes.
Estos factores influían directamente en la falta de acceso de la población al críédito, estado que se agudizó con la crisis de la quiebra de los bancos, en 1999.
El director de Cordes, Vicente Albornoz, explica que de 1992 a 1994 hubo en el país una expansión del críédito por la liberalización de los mercados financieros y el aumento de los ahorros.
Sin embargo, este crecimiento tuvo un “frenazo a raya†luego de 1995, como consecuencia del conflicto armado con Perú, y los racionamientos de energía.
A ello se sumaron las crisis exógenas de Míéxico, Brasil, Rusia y Asia, que motivaron a los inversionistas extranjeros a sacar sus recursos de Latinoamíérica. Según Albornoz, en aquella íépoca los altos niveles de inflación llevaban a otorgar críéditos con tasas elevadas de interíés que en príéstamos a mediano plazo se reducían, pero que al principio significaban importantes egresos para el deudor.
Por ejemplo, si una persona accedía a un príéstamo para comprar un vehículo, en 1992 debía pagar durante cinco años cuotas mensuales de 100 000 sucres.
Ese monto en el primer año de pago era importante ya que representaba el doble del salario mínimo. No obstante, con el paso del tiempo se iba devaluando y al final del pago del bien había perdido la mitad de su valor.
Este escenario, donde ya estaba restringido el críédito, se agudizó con la quiebra bancaria.
La colocación del críédito se derrumbó. El Ecuador estaba desfinanciado y no tenía liquidez, con un precio del barril petróleo que tocó fondo al cotizarse en diciembre de 1998 en USD 6,95.
La población ya no confiaba en los bancos. Los pocos que sobrevivieron a la quiebra no tenían dinero que prestar porque los ahorros perdieron la mitad de su valor en menos de un año, al reemplazar el dólar por el sucre.
Este panorama comenzó a cambiar luego del 2001, con el afianzamiento de la dolarización. Las tasas de interíés bajaron, al igual que la inflación y año a año subieron los depósitos y los críéditos.
Mientras que en el 2000 los depósitos fueron de USD 3 500 millones, para el 2004 llegaron a USD 5 720 millones.
La recuperación de la economía, no obstante, no fue acompañada con una escalada importante del precio del petróleo, que apenas subió de USD 25 a USD 30, entre el 2000 y el 2005.
Pero la inversión en el sector privado aumentó y los ingresos para el Estado tambiíén, con la entrada en operación del OCP.
Aquí comenzó un modelo de ahorro y privatización, indica Pablo Dávalos, catedrático de la PUCE, que se manejó hasta el 2006, cuando el consumo y el acceso al críédito se recuperaron poco a poco. Para el 2007, el consumo y los críéditos despegaron, con la entrada de un modelo de gasto público intensivo, estimulado por el actual Gobierno.
Testimonio
Roberto Betancourt/ Asesor Financiero
‘Mi empresa quebró por deudas que llegaron a USD 400 000’
Soy ingeniero comercial dedicado a la asesoría financiera. En el 2004, asumí con mi empresa un contrato grande de asesoría en una entidad del Estado. Pero no pudimos entregar el trabajo en el plazo señalado, debido a incumplimientos de la misma entidad.
Las autoridades nos dijeron que ampliarían el tiempo de entrega y confiíé en su palabra sin documentos de respaldo. Sin embargo, al no cumplir el plazo, nos aplicaron una serie de multas y nos cobraron las garantías.
Como pensaba que nos pagarían el contrato completo, diez meses antes decidí sostener la nómina de la empresa de 50 empleados con sobregiros en el banco y príéstamos de tarjetas de críédito. Asimismo, tenía retrasos en pagos a los proveedores.
Pero como el pago del contrato llegó con las multas y el cobro de las garantías, me quedíé con una deuda final de USD 400 000.
Automáticamente quebríé. ¿Cómo podimos solventar esa deuda? Primero, dando la cara y conversando con cada acreedor y proveedor. Cuando uno da la cara puede llegar a un acuerdo. Pero si el deudor huye, los acreedores se perturban, no quieren negociar y se vienen los juicios.
Tuve que vender mi automóvil —que en ese momento era un Mercedes Benz del año—, vender la oficina y restringir el consumo totalmente en mi hogar. Luego, pagamos las deudas con los bancos y las tarjetas de críédito. Y a los proveedores les pagamos progresivamente.
Para salir de la deuda tomíé como propio lo que dice la Biblia en el libro Segunda de Reyes.
Allí se cuenta la historia de una mujer que quedó viuda y con la deuda de su esposo. El profeta Eliseo le dijo: "Ve, vende, paga y vive.†Eso funciona con las deudas y por la gracia de Dios pude salir en tres años