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Autor Tema: Ingreso Básico Universal: ¿por quíé ahora tampoco?...  (Leído 78 veces)

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Ingreso Básico Universal: ¿por quíé ahora tampoco?...
« en: Diciembre 01, 2016, 09:29:18 am »
Por...  Iván C. Carrino



Iván C. Carrino considera que el ingreso básico universal se basa sobre falsas suposiciones, como aquella de que las máquinas del futuro están concentradas en una minorí­a de la población.


La semana pasada, un colega y compañero de trabajo me pasó el link de una charla Ted protagonizada por Eduardo Levy Yeyati, destacado economista argentino, profesor de la Universidad Torcuato Di Tella y autor de varios libros, no solo de economí­a sino tambiíén de novelas como “El Juego de la Mancha” y “Chancho”.

Su más reciente trabajo es esta charla Ted, que se titula “Ingreso Básico Universal: ¿Por quíé ahora?”. En dicha exposición, que ya cuenta con cerca de 9.000 visitas, Yeyati plantea que llegó la hora de pensar en un ingreso básico universal, financiado con impuestos, de manera de paliar un problema que parece inexorable: el avance tecnológico y sus negativas consecuencias para la distribución del ingreso y el crecimiento de la economí­a.

En lo que queda de esta nota intentaríé explicar por quíé creo que la propuesta de Yeyati está mal fundamentada y, por lo tanto, deberí­a desestimarse por completo.

El economista parte de plantear un sombrí­o futuro para el desarrollo, producto del avance de la tecnologí­a. En pocas palabras, sostiene que la “buena noticia es que en el futuro todos vamos a tener que trabajar menos” mientras que la mala es “que va a haber menos trabajos”.

El reemplazo del hombre por la máquina, para Yeyati, es un hecho indiscutido, y pone como ejemplos a los cajeros automáticos que reemplazan a los cajeros humanos, o las agendas telefónicas del celular, que reemplazarí­an a las secretarias.

Sin embargo, este es el primer punto en el que el argumento flaquea. Es que como explica David Autor en su trabajo enfocado en este tema, a pesar del avance de los cajeros automáticos, hoy hay más cajeros humanos que antes. El número de cajeros automáticos en EE.UU. se cuadriplicó, pasando de 100.000 a 400.000 entre 1996 y el año 2010. Esto redujo el número de cajeros humanos por sucursal bancaria. Sin embargo, el número total de cajeros humanos creció de 500.000 a 550.000 entre 1980 y 2010.

El motivo de esta suba es que, al reducir los costos de operar una sucursal, la cantidad de sucursales se multiplicó, lo que incrementó la demanda de personal. Así­, la instalación de cajeros automáticos terminó por incrementar la demanda de cajeros humanos, quienes ahora no sólo entregan billetes al cliente, sino que le brindan un servicio más general de relación y contención.
Lo mismo podrí­a suceder con el caso de las secretarias. Las computadoras y los telíéfonos inteligentes pueden reemplazar alguna parte del trabajo que hoy realizan las secretarias. Esto hará que en el futuro sea mucho más barato montar una oficina. Y el resultado puede ser una menor cantidad de secretarias por empresa, pero no una menor cantidad en tíérminos agregados. De hecho, la Oficina de Estadí­sticas Laborales sostiene que desde 2014 hasta 2024, la cantidad de secretarias y asistentes personales crecerá en 119.000.

Otro punto que impacta de la charla Ted es la relación entre avance tecnológico y concentración de la riqueza. En una de las frases más aplaudidas de toda la exposición, Eduardo Levy Yeyati pregunta:

“¿De quíé sirve el progreso tecnológico, si crea abundancia que se concentra en pocas manos a las que les sobra todo?"

De acuerdo con el argumento, el progreso tecnológico genera una abundancia “mal repartida”, porque el ahorro de los costos de producción beneficiará solo al dueño de la máquina, pero no al trabajador reemplazado por ella. Para que se comprenda el argumento, Yeyati lo lleva al extremo y plantea quíé ocurrirí­a si todo fuera producido por máquinas y esas máquinas estuvieran en posesión del 1% más rico de la población.

En ese caso el 1% serí­a infinitamente rico pero el 99% estarí­a en la miseria. A menos, claro, que el gobierno cobre impuestos mucho más progresivos y redistribuya la riqueza. Es decir, imponga el Ingreso Básico Universal y obligue a que lo paguen “los ricos”.

El problema con todo este razonamiento es que parte del desafortunado supuesto de que solo el 1% de la población tendrá acceso a “las máquinas”. Uno se pregunta por quíé se asume este escenario si una simple mirada de la realidad lo refuta.

Según un estudio del Pew Research Center, en Corea del Sur, 88% de la población tiene un “Smartphone”, el último grito tecnológico en telefoní­a móvil. En Australia este número es 77%, en EE.UU. 72%, en Canadá 67% y en Chile 65%. En Argentina, 48% de la población posee un telíéfono celular inteligente.

Puede que no lo parezca, pero son íéstas “las máquinas” del futuro que amenazan nuestro trabajo, como el propio Yeyati sugirió en su ejemplo de la secretaria. Sin embargo, no es cierto que el 1% de la población las posea. Muy por el contrario, la tecnologí­a está cada vez más democráticamente distribuida y es, por tanto, un igualador social, en lugar de un generador de desigualdades.

El profesor de economí­a Donald Boudreaux planteaba justamente esto en un breve artí­culo en su blog titulado “Uber contra Piketty”. Allí­, sostení­a que:

"Uber permite que un bien de consumo se convierta fácilmente en un bien de capital (…) La intervención del gobierno contra Uber constituye un ataque contra las fuerzas del mercado que están incrementando la cantidad de capital que las personas comunes pueden poseer, controlar y poner a producir”.

No son los ricos ni el 1% de mayores ingresos quienes se benefician de la tecnologí­a, sino las “personas comunes”, que cada vez tenemos más acceso a la tecnologí­a.

Hay muchas otras cosas que objetar de la exposición sobre el Ingreso Básico Universal. Entre ellas, si alcanzará lo recaudado para financiarla, si es cierto que una mayor desigualdad frena el crecimiento económico, si imponer una medida de este tipo no destruirá el sistema de incentivos, o si no se trata de una medida demagógica e inmoral. Son todos temas para seguir discutiendo.
Sin embargo, hoy deberí­a quedar clara una cosa: el argumento por el cual se pide que se imponga un Ingreso Básico Universal no está debidamente fundamentado. En primer lugar, no está claro que la tecnologí­a destruya empleo en tíérminos agregados. En segundo, es directamente falso que el avance tecnológico vaya a favorecer sólo a los más ricos de la sociedad.

En este sentido, y hasta que no aparezcan razones de mayor peso, creo que es necesario descartar de plano esta propuesta y liberarse de la culpa que nos imponen algunos discursos.

El avance tecnológico, a diferencia de lo que se quiere sugerir, trae dos buenas noticias. La primera es que, en el futuro, todos vamos a tener que trabajar menos. La segunda es que si se permite que avance, todos seremos más ricos.


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