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Autor Tema: Vodafone se confí­a a Almunia para evitar que la CNMC examine la fusión con ONO  (Leído 88 veces)

Eguzki

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Vodafone no se fí­a. Despuíés de exprimir la chequera hasta la última gota de los 7.200 millones de euros que va a pagar por ONO, la multinacional británica no está dispuesta a admitir ni la más mí­nima fisura por parte de la nueva Comisión Nacional de Mercados y Competencia (CNMC). El temor secular a Telefónica ha provocado que el expediente de la gran fusión acordada dentro del mercado español de las telecomunicaciones se traslade directamente a la Comisión Europea. Será pues el comisario Joaquí­n Almunia quien diga desde Bruselas la última palabra.

Los representantes de Vodafone se han mostrado siempre bastante suspicaces ante la polí­tica de regulación llevada a cabo en España, que consideran muy favorable a los intereses del llamado operador incumbente; esto es, de Telefónica. La compañí­a heredera del antiguo monopolio ha saludado con agrado el acuerdo de Vodafone y ONO, pero los promotores de la fusión no se fí­an de las bendiciones que llegan desde el distrito de Las Tablas y temen que todo sea un ardid más para generar una falsa confianza de cara al preceptivo informe de las autoridades de competencia.

El proyecto de concentración empresarial entre Vodafone y ONO tiene una clara dimensión internacional dada la proyección del comprador en el mercado global de telecomunicaciones. No obstante, la operación altera el mapa sectorial en España reduciendo el número de operadores en nuestro paí­s, por lo que nadie se habrí­a extrañado si la CNMC hubiera asumido todo el protagonismo que teóricamente tambiíén le corresponde en el expediente de fusión. A fin de cuentas, la compraventa va a influir tarde o temprano en la oferta de servicios y productos dentro del mercado domíéstico, afectando de forma directa a los clientes españoles de las dos empresas en proceso de integración
Vodafone repite la misma estrategia seguida en el caso de la compra de Kabel Deutschland, llevada a cabo en junio del pasado año y notificada tambiíén a Bruselas a mediados de agosto. Las autoridades comunitarias saldaron el asunto con un aprobado general, sin condiciones de ninguna clase, amparadas en un análisis global de la repercusión que la operación tendrí­a dentro de la competencia en el mercado europeo de telecomunicaciones. La decisión de Almunia se apoyaba además en la complementariedad de ambas compañí­as dada la orientación de la empresa alemana al negocio de telefoní­a fija, internet y televisión mientras que Vodafone cuenta con una clara especialización en el segmento de móvil.

El dominó de las ‘telecos’

Con estos antecedentes es previsible que la compra de ONO reciba la definitiva luz verde en un plazo máximo de tres meses, quizá incluso antes del verano, dando lugar a una primera fase de integración comercial como paso previo para la fusión jurí­dica en la nueva Vodafone España. Sin duda, Telefónica se va a encontrar con un competidor de gran envergadura, que suma 15 millones de clientes de móvil y casi 2,5 de banda ancha, aparte de la red de fibra óptica más extensa del paí­s.

La estructura del mercado de las telecomunicaciones en España va a sufrir una evidente y obligada metamorfosis a poco que otros operadores sigan la tendencia de consolidación sectorial. Vodafone ha abierto la veda con ONO y ahora es Orange la que tiene que mover ficha rápidamente. La presunta adquisición de Jazztel figura desde hace tiempo en el portfolio de inversiones de la multinacional francesa, pero el problema es el enorme precio de mercado que refleja ahora la cotización de la compañí­a presidida por Leopoldo Fernández Pujals.

Jazztel va camino de alcanzar una capitalización de 3.000 millones de euros, una cifra que representa el doble del valor contable y que se ha venido hinchando al calor de la anunciada compra de ONO por Vodafone. Desde el cuartel general de Orange en Madrid la estrategia consiste ahora en desmitificar el presunto interíés por Jazztel a ver si de esta manera baja la fiebre de los inversores y con ella la inflamación en bolsa. Sólo así­ se podrá abordar una operación que en estos momentos duele como una muela porque cuesta más que un riñón.