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La primera burbuja especulativa fue la de los oficios en Castilla, no la de los tulipanes holandeses

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La primera burbuja especulativa fue la de los oficios en Castilla, no la de los tulipanes holandeses

Por Daniel Yebra

La primera burbuja de la historia podría haberse formado en España antes que la de los famosos tulipanes en los Países Bajos. La investigación del economista de la Universidad Carlos III Víctor Gómez apunta a que se dio un proceso especulativo en el mercado de las licencias de oficios de la Castilla de Felipe II, al ser tratadas como bienes de inversión y producirse un incremento desemesurado de sus precios.

En 1616, Francisco de Araoz compró la licencia para ejercer el oficio de alguacil mayor en Sevilla por 81.000 ducados. En aquellos tiempos, por una casa principal en la calle Mayor de una capital de provincia como Cuenca se pagaban cerca de 1.000 ducados, por una dehesa de Andalucía, unos 4.000, y la manutención de dos niñas alcanzaba un coste de 5 ducados al año.

Con estas referencias y teniendo en cuenta que el cargo adquirido en la Administración de la Corona de Castilla tenía asociado un salario de 9 ducados al mes, el precio que alcanzó el oficio se manifiesta disparatado -hubiera hecho falta ejercerlo durante más de 736 años para rentabilizarlo-. Un precio propio de una burbuja especulativa similar a la inmobiliaria que estalló en 2008 y que, quizá pronto, podría ser considerada la primera de la historia.

La eufórica demanda que se desató en los Países Bajos en las primeras décadas desde 1620 por los tulipanes es reconocida, hasta ahora, como la primera burbuja. Entonces, se produjo una vertical escalada de los precios de los derechos que se vendían sobre los bulbos de las cosechas venideras para obtener elevadas rentabilidades en apenas meses, hasta que, en 1637, un mal año en el campo desencadenó el pánico de los especuladores, que huyeron despavoridos del negocio provocando una gran crisis. Sin embargo, el economista Víctor Gómez tiene entre manos la demostración de la formación de una burbuja ya a principios del siglo XVII en el mercado de oficios (alguaciles, escribanos, procuradores...) que existía en España.

Para entender este fenómeno primero hay que reconocer que "la situación económica que se encontró el príncipe Felipe cuando asumió la regencia de Castilla en 1543 era complicada por el défictit estructural, al no poder aumentar los ingresos al mismo ritmo que los ingentes gastos, principalmente militares", explica el investigador. Un contexto que obligó al futuro monarca Felipe II (desde 1556) a buscar nuevas fuentes de financiación.

Una de estas alternativas para llenar las arcas del Estado moderno que se estaba formando surgió de forma natural: "La historiografía ha señalado la existencia de compraventas de oficios entre particulares desde la Baja Edad Media, pero la Corona no se beneficiaba de estas operaciones porque generalmente estos cargos se entregaban gratuitamente a nobles y burgueses como recompensa por distintos servicios", detalla.

Con Felipe II, quien entendió -todavía como regente- que la legalización de este mercado negro era una oportunidad, todo cambió. "Intercaló políticas de ventas públicas -a través de subastas- con otras encaminadas a la creación de un mercado privado y seguro de oficios", continúa el economista, quien incide en que "con las subastas obtendría financiación directa, mientras que con la legalización y protección de los derechos de los inversores maximizaba los precios de los oficios y, por tanto, los beneficios de las ventas futuras".

Del mercado a la burbuja de los oficios
De esta manera, el regente puso los cimientos para la formación de la burbuja de los oficios en la que se hincharían los precios. Pero todavía hacían falta más ingredientes. "Todo proceso especulativo suele ir acompañado de una inferencia política -incluso individual-y una expansión del crédito", apunta el investigador becado por La Caixa. Así ocurrió antes del pinchazo de 2008, cuando los gobiernos de las diferentes administraciones alimentaron el crecimiento de los precios de las viviendas con ventajas fiscales o recalificaciones y se dieron comportamientos corruptos de alcaldes, concejales, consejeros o presidentes autonómicos mientras el endeudamiento de las familias crecía peligrosamente.

Y así sucedió también en la Castilla de los Austrias, en la que la Corona creó el mercado primario, legalizó el secundario y acontecieron "casos de corrupción particulares tan relevantes como que personas con tanto poder como el Duque de Lerma o el Conde-duque de Olivares se aseguraron oficios y otros de talla similar usaron información privilegiada para ganar las subastas, mientras se desarrollaban contratos de venta a plazos que incluían intereses", relata Víctor Gómez.

Se dieron casos de corrupción de personas con tanto poder como el Duque de Lerma o el Conde-duque de Olivares
Con estas patas, el tablero estaba perfectamente preparado y, además, las licencias para ejercer un oficio en la Administración de la Corona de Castilla reunían las condiciones necesarias para despertar el afán especulativo. "Quienes compraban estos oficios eran personas de familias ricas: los perfiles más habituales son burgueses que habían hecho fortuna y pretendían escalar socialmente y nobles que buscaban una mayor influencia política", comenta el economista, quien describe a unos inversores que, de encontrar valor en el salario que los oficios garantizaban -algunos ciertamente generosos- y en la cercanía al poder y a ciertas actividades -como la recaudación de impuestos, la administración de justicia o la promulgación de leyes-, pasaron a tratarlo también como un bien de inversión, con el que obtener rentabilidad desde un punto de vista puramente financiero.

Las particularidades que permitían este enfoque, que favorecieron el aumento desbocado de los precios y que recuerdan inevitablemente a la burbuja inmobiliaria son muchas. Por una parte, los oficios se podían acumular y su uso era prácticamente el mismo en todas las partes de Castilla. "He encontrado personas que tenían un oficio en Burgos y compraban otro en Sevilla, por ejemplo", explica Víctor Gómez. Por otra, la propiedad de los oficios no exigía su ejercicio, lo que favorecía que se alquilaran, "alcanzando una rentabilidad cercana al 5% -parecida a la rentabilidad que se obtiene con el arrendamiento de una vivienda hoy en día-", añade.

También parece clave que "en el periodo en el que empiezan a aumentar mucho los precios está habiendo problemas en el mercado de deuda pública, que era una inversión típica en los siglos XVI y XVII, y se produce un efecto sustitución, ya que había muy pocas alternativas -la plata, las viviendas o las tierras eran casi las únicas-", remarca. Y, por último, fue una burbuja que inevitablemente estalló. "El pinchazo llega entre 1635 y 1645 y está muy ligado a la grave crisis que sufre Castilla por la independencia de Portugal, las revueltas en Cataluña...", concluye el economista de la Carlos III de Madrid.

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