Ese cónclave de personajillos que arbitran nuestras vidas al que llamamos Gobierno ha dispuesto una serie de medidas de austeridad, ya iba siendo hora, que van desde la supresión de unos 40 altos cargos, la extinción de 14 empresas públicas y fusiones que afectarán a otras 24, con la consiguiente reducción de consejeros remunerados, claro esta, unos 200. Acciones muy recomendables ya que la nuestra, ha sido “una tribu” en la que había más jefes que indios. Y lo malo no es eso, sino que los jefes hayan estado tanto tiempo haciendo el indio, pintados con los más diversos colores políticos. Con estas decisiones, nos vamos a ahorrar unos 16 millones de euros. Pero a mí me parece que se ha perdido una oportunidad única de hacer lo propio con otro montón de cargos y sociedades análogas, ya que la limitada actuación del Gobierno va a permitir que Ayuntamientos y comunidades autónomas mantengan de una manera mayoritaria su organigrama y sus sociedades dependientes. No se puede negar que emprender un cambio drástico a nivel directivo de la administración, y una reordenación de la función pública requiere de un consenso político hoy en día inexistente.

El Sr Zapatero parece que se ha dado cuenta de que hay que ahorrar, ahora que el virus griego ha atacado a “una de las economías más sólidas del mundo” – Zapatero dixit-. Hombre, y debemos reconocer que como medida es oportuna esa de restringir el número de “vividores” para que podamos vivir los demás. El ajuste que está pidiendo a gritos nuestra economía exige, que se vayan a su puñetera casa los que han tirado por la ventana la casa de todos. Claro que el Gobierno  puede justificar su moderada y tardía actuación diciendo que pretendía evitar la alarma social y de paso impedir que se afianzase entre “el pueblo llano” la sensación de que buena parte de la Administración pública resulta superflua. Tranquilos que nadie piense que las cosas van a ir peor si disminuye el número de “inútiles” y lo que convendría que recordara el Gobierno es que lo que de verdad provoca alarma social es la inacción gubernamental. Se acabó lo que se daba, bueno no sólo lo que se daba, también lo que se tomaba. ¿Se han preguntado algunas vez, seguro que si, cómo sería nuestra España si todos, si, si todos, nos hubiéramos limitado a meter las manos en nuestros bolsillos? Esto no da para más. Nos esperan años difíciles, pero debemos acostumbrarnos a ser españoles.

Para terminar, me gustaría recordar a los que mandan que desde mi punto de vista siempre van a aprender más de Sócrates y Platon, que de cualquier asesor económico de nuestros gobernantes.


Salud y suerte en las inversiones, las vamos a necesitar.